*** Año 2035: ¿Seguirán existiendo las estrellas millonarias de la NBA en la era de la Inteligencia Artificial? ***

  

La Inteligencia Artificial está transformando el mercado laboral a una velocidad nunca vista. Cada vez más empresas utilizan IA para automatizar tareas que antes requerían empleados, lo que ha reabierto un debate que parecía propio de la ciencia ficción: ¿podría llegar un momento en el que millones de personas dependan de una renta universal mientras la IA realiza gran parte del trabajo?

En este contexto surge otra pregunta interesante: ¿qué ocurrirá con las grandes estrellas del deporte, como los jugadores de la NBA? ¿Seguirán ganando contratos de cientos de millones de dólares en 2035?

La respuesta más probable es que sí. Los deportistas de élite no cobran únicamente por jugar al baloncesto; generan enormes ingresos mediante derechos de televisión, patrocinadores, venta de entradas, publicidad y merchandising. Mientras millones de aficionados quieran ver competir a seres humanos, el valor económico de los mejores jugadores seguirá siendo extraordinario.

La IA podrá ayudar a entrenar mejor, analizar estadísticas, prevenir lesiones o incluso arbitrar partidos con mayor precisión, pero difícilmente sustituirá la emoción que produce ver a personas reales competir al máximo nivel.


Sin embargo, el panorama es muy distinto para muchas profesiones. La IA ya está reduciendo la necesidad de trabajadores en áreas como la atención al cliente, la programación básica, la traducción, el diseño gráfico sencillo o numerosas tareas administrativas. No significa que estas profesiones desaparezcan, pero sí que una sola persona apoyada por IA puede realizar el trabajo que antes hacían varias.

De cara a 2035, el gran desafío no será tanto si desaparecerán todos los empleos, sino cómo se repartirá la riqueza generada por una economía cada vez más automatizada. Ahí es donde cobran fuerza debates como la renta básica universal, la reducción de la jornada laboral o nuevos sistemas de redistribución.

Quizá el futuro no sea un mundo donde "nadie tenga nada", sino uno en el que convivirán dos realidades muy distintas: una pequeña élite que seguirá generando un enorme valor económico y millones de trabajadores que tendrán que reinventarse para colaborar con la Inteligencia Artificial en lugar de competir contra ella.