*** El dolor inmenso que Pepu Hernández guardó en silencio en la final del Mundial 2006 ***


El 3 de septiembre de 2006, España hizo historia al conquistar por primera vez el Mundial de básquet. En Saitama, la selección dirigida por Pepu Hernández venció a Grecia y se quedó con el oro en una jornada que quedó marcada para siempre en la historia del deporte español. Sin embargo, mientras sus jugadores celebraban el título, el entrenador atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida.

La víspera de aquella final, Pepu recibió la noticia de que su padre, que llevaba un tiempo enfermo, había fallecido. El seleccionador decidió comunicarlo únicamente a su cuerpo técnico y a los dirigentes de la Federación Española que estaban en Japón. Además, les pidió expresamente que los jugadores no se enteraran. Su intención era clara: evitar que su dolor personal interfiriera en la concentración del equipo antes del partido más importante de sus carreras.

El secreto se mantuvo durante toda la previa y España afrontó la final con absoluta normalidad. Mientras el equipo se encaminaba hacia una actuación histórica, Pepu llevaba consigo una situación completamente distinta. Cuando el encuentro quedó sentenciado y el banquillo español comenzó a festejar, el contraste fue evidente: el entrenador permaneció serio, con la mirada perdida, prácticamente ajeno a la celebración que se desarrollaba a su alrededor. Incluso al momento de recibir la medalla de oro mantuvo su gesto circunspecto.

Después del partido, Pepu atendió a los medios españoles y recibió el pésame de los periodistas que ya conocían la noticia. Su respuesta fue breve y reveladora: “Es momento de disfrutar”. No hablaba de él, sino de sus jugadores, quienes recién durante la noche se enteraron de lo ocurrido y se acercaron para acompañarlo. Años después, el entrenador recordó aquellos momentos y explicó que pudo sobrellevarlos gracias al apoyo de su familia: “Desde mi casa mi madre y mi hermano me ayudaron mucho”.

Aquel Mundial quedó asociado para siempre a figuras como Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Jorge Garbajosa y Rudy Fernández, pero detrás de aquella generación dorada también hubo una historia silenciosa. Pepu Hernández no anotó puntos ni tomó rebotes aquella tarde, pero condujo a España hacia el título mientras atravesaba un duelo personal que decidió guardar en secreto para proteger a su equipo. 

Su manera de afrontar aquella jornada terminó convirtiéndose en una de las historias más humanas de aquel histórico oro.